LA IA LLEGÓ PARA QUEDARSE

Una revolución que toca tu puerta

La inteligencia artificial no es una moda pasajera que desaparecerá como los fidget spinners, esos juguetitos de mil giros y formas que se pusieron de moda allá por el 2017, cuya única gracia era dar muchas vueltas sin apenas impulso.

La IA es una realidad que golpea nuestra puerta cada mañana, y se sienta a nuestro lado metiéndose en todo.

¿Que tiene cosas preocupantes? Por supuesto. ¿Que también tiene un potencial extraordinario? No hay duda alguna.

Al final, es solo una herramienta más, como un martillo o un serrucho, no depende de estas crear algo hermoso o destruir algo valioso: depende de quién la empuñe.

«Eso no me afecta» dicen algunos, creyendo que esta moda pasará de largo, que es demasiado complicado, o que pronto dejaremos de hablar del tema. Craso error.

¿Te imaginas un mundo sin internet? Hace treinta años, apenas unos cuantos privilegiados en círculos académicos lo conocían. Hoy, hasta hay mascotas que tienen su propio Instagram (todavía creados por sus pet lovers, pero al paso que vamos, pronto lo harán ellos mismos).

Todos usamos la IA de alguna manera, si no creando, por lo menos disfrutando de lo que ella crea, la amamos y la odiamos a partes iguales.

Lo mismo ocurrió con las computadoras. Hace algo más de tres décadas, cuando todo se hacía a pulso.

Los bancos tenían libros contables gigantescos donde se anotaba cada transacción con pluma y tinta, una por una, y hasta la oficina del banco más pequeño tenía docenas de trabajadores. Hoy, los libros y las personas han sido reemplazados por computadoras y cajeros automáticos (que también son computadoras).

Te has preguntado ¿en qué oficina no hay al menos una computadora?

Cuando llegaron, internet y las computadoras, hubo resistencia. La gente no entendía su valor. Ahora, ¿quién puede vivir sin ellos?

«¡Yo no uso computadoras!», dice enérgicamente un amigo, pero el celular de su bolsillo (que usa hasta en el baño), es una súper computadora, miles de veces más poderosa que aquellas que llevaron al hombre a la luna.

Una historia que empezó hace décadas

Este rechazo hacia la IA es natural. No es nuevo. Se viene hablando de inteligencia artificial desde 1956 —hace 69 años—, pero el punto de quiebre llegó en noviembre del 2022 con ChatGPT. De pronto, cualquiera con acceso a internet pudo conversar con este como quien charla con un amigo erudito que nunca duerme y que nunca se aburre de contestar preguntas.

Desde entonces, han brotado especialistas artificiales en cada rama del conocimiento humano. Hoy la IA compone desde sinfonías hasta reggaetón (todo depende de quién la use), pinta retratos, redacta contratos, diseña planos, traza presentaciones, desarrolla programas, genera aplicaciones y sitios web, crea videos, dibuja las ideas que rondan por tu mente con solo dictar un boceto de ellas. Habla, escucha, observa, analiza. Casi cualquier cosa que se te ocurra. La IA está metida casi en todo, y recién estamos empezando.

El lado oscuro de la fuerza

Pero no todo es miel sobre hojuelas. La IA también se usa para el caos.

Cuando falleció el Papa Francisco y llegó el Papa León XIV, las redes se inundaron de videos falsos donde veíamos a los pontífices pronunciando sermones, muchos de ellos verdaderos y bonitos, pero otros muchos que felizmente no fueron tomados en serio, hubieran podido hacer temblar los cimientos del Vaticano. Todo fabricado con IA.

Hemos visto a Trump y Putin bailando tango como si fueran amantes, bebés dando charlas magistrales, gente común transformándose en súper modelos sin necesidad de dieta ni gimnasio, gatos hablando y chanchos volando.

La revolución silenciosa

Pero la IA no solo sirve para travesuras. Lo que antes requería equipos completos de científicos, físicos, matemáticos y biólogos, ahora está al alcance de cualquiera con curiosidad y una conexión a internet. La IA conoce de todo y lo conoce bien, aunque —como algunos sabelotodo— a veces inventa datos para quedar bien.

Por eso hay que andar con tino. Como decía Mark Twain: «No son las cosas que no sabes las que te meten en problemas, sino las cosas que sabes con certeza pero que simplemente no son así.»

El dilema de la pereza intelectual

Aquí viene lo preocupante: muchos ya no ejercitan la inteligencia propia. Estudiantes que hacen tesis con IA sin pestañear. Congresistas que redactan leyes artificiales sin tomarse ni un minuto para revisarlas. Una verdadera huachafería, como dirían por acá.

Pero estos infelices de gigantescos sueldos, no saben que existen sistemas como Turnitin que detectan cuándo algo fue creado con IA. Un detector de mentiras para textos.

Cabe preguntarse: ¿la IA está potenciando el aprendizaje o lo está matando lentamente?

Una frase que nunca falla, es: «Lo que no cuesta, no vale.».

Así es, «Lo que se consigue sin esfuerzo, se va igual de rápido.» Y es una verdad como un templo, válido con el conocimiento, con los logros y hasta con las enamoradas.

Navegando en aguas desconocidas

Estamos en pleno proceso de aprendizaje. Hay defensores acérrimos y detractores implacables, y entre todos van moldeando nuevos códigos éticos para su uso. Estamos, como aprendiendo a manejar un auto deportivo súper rápido: emocionante, pero hay que saber cómo tomar las curvas y nunca olvidar dónde está el freno.

Arthur C. Clarke dijo: «Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.» Y vaya que tenía razón, aquí estamos, viviendo tiempos mágicos.

En suma, la inteligencia artificial no va a desaparecer. No es un capricho tecnológico ni una fantasía de película. Es el presente que tocó a nuestra puerta, se instaló en la sala y tomó posesión de nuestro televisor, celular y otros artículos con los que convivimos. Podemos cerrar los ojos y fingir que no existe, o podemos abrazar la curiosidad y aprender a convivir con ella.

El futuro pertenece a quienes entienden que el conocimiento es poder, y que la ignorancia, en estos tiempos, es un lujo que no podemos permitirnos. No se trata de ser expertos de la noche a la mañana, sino de mantener esa chispa de curiosidad que nos hace humanos.

La pregunta no es si la IA cambiará nuestro mundo. ¡Ya lo está haciendo!

(Este artículo que estás leyendo, fue corregido por la IA, lo mismo que las imágenes que lo ilustran fueron generadas por IA.)

La pregunta real es: ¿estaremos preparados para ese cambio, o nos quedaremos viendo pasar el tren desde el andén?

Es hora de investigar, leer, aprender. El futuro no espera a nadie, pero siempre tiene espacio para los curiosos.

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